La princesa envenenada

Como era habitual el príncipe salió a dar un paseo a caballo por los bosques cercanos al castillo, era conocido por todos su interés de explorar los territorios que heredaría, esta vez se adentró en una zona en la que nunca había estado. A lo lejos, y encima de una colina vio un resplandor. Parecía una urna con algo en su interior, a medida que se acercaba  a ella con asombro se dio cuenta que se trataba más bien de un sarcófago, un sarcófago de cristal con un cuerpo en su interior.

Al llegar, bajó de su caballo y descubrió el cuerpo inerte de una joven. Estaba abandonado, sin nadie que se preocupase por él ni recibir sepultura <<¿quién ha podido dejar este cuerpo en un ataúd de cristal? Quien lo haya hecho se ha tomado muchas molestias, quizás lo pueda encontrar por los alrededores>>. Con estos pensamientos el príncipe recorrió las cercanías buscando alguna pista que resolviera sus preguntas. Tras cabalgar durante un tiempo, y estando dispuesto a abandonar encontró una casa. Era una casa de pequeñas dimensiones situada en un valle.

Golpeó la puerta con la aldaba y esperó, tras unos segundos la puerta se abrió y de su interior salieron siete enanos. Después de las presentaciones y tras hablar lo suficiente para entender a que se dedicaban y que había sucedido con la joven yaciente, corroboró que los nombres de cada uno de ellos era un claro reflejo de su personalidad: sabio, gruñón, mocoso, tímido, mudito, dormilón y bonachón. Los siete enanos estaban encantados con la presencia del príncipe y se mostraban ansiosos por romper el maleficio. Hicieron saber al príncipe que la joven estaba envenenada al comer una manzana que su madrastra le ofreció como engaño. Lo  acompañaron de vuelta  ante la urna, al llegar le rogaron que besara a la muchacha para así despertarla.

El príncipe ante tanta presión y prendado por la belleza de la joven abrió el sarcófago. Un fuerte hedor salió y el cuerpo de la joven se descompuso en cuestión de segundos, el príncipe palideció y se retiró horrorizado. Los enanos volvieron a insistir al príncipe para que la besara, en ese momento despejó las dudas que tenía. Aquellos enanos habían matado a la joven y sin duda sufrían alguna demencia, querían que diera un beso a un cuerpo putrefacto para devolverle la vida. Si se quedaba se arriesgaba a correr con la misma suerte, no dudó en echar a correr y huir a lomos de su caballo. Al día siguiente volvió armado y acompañado por la guardia real, mataron a los siete enanos y dieron sepultura al cadáver.

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