El calor del poder parte 3 – fragmento

Después de confirmar que escribo bastante mal,  afirmación que deja ámbito de mejora y superación, dejo otro fragmento de un relato. A ver que os parece 🙂

Con el paso de los meses el rey tomó como habito visitar a Briselda y Herminio, surgió una pasión en su corazón. Le resultaba fascinante hablar con ellos, saber de sus inquietudes y su visión de la vida, tan alejada de los lujos y las comodidades.

—¿Cómo podéis vivir de esta manera? Apenas tenéis dinero, la granja os sirve sólo para subsistir y estás invalidado. —preguntó el rey.

—Buscaba el retiro majestad, después de servirle como fiel soldado lo único que buscaba era un lugar tranquilo donde formar una familia —contestó Herminio.

—Entiendo, pero apenas gozas de algún privilegio o comodidad y tu hija es una bella dama que tiene mucho potencial. Trabajando de granjera jamás logrará llegar a nada más.

—He mirado de hacer lo mejor que estaba en mis manos, y todo el dinero que consigo ahorrar lo destino a que el día de mañana pueda ir a la ciudad a aprender una profesión y tener una vida mejor.

—No tendría que ser así, podríais veniros a vivir al palacio y olvidaros de esta vida tan gris.

—Lo agradezco majestad, pero mi sitio está aquí y el dinero no me daría la felicidad.

—¡Es absurdo! Con dinero todo se puede conseguir, el tiempo es dinero y con dinero se puede comprar. Las tareas del día a día o las preocupaciones mundanas, carecen de sentido para mí. Tengo sirvientes, consejeros y demás súbditos que se encargan de realizar todas esas tareas, dejando a mi disposición el tiempo para invertirlo en lo que me apetezca. Cazar, viajar, ir a caballo… Cualquier cosa que se me antoje la puedo hacer cuando quiera, sin tener que rendir cuentas a obligaciones. Y eso lo debo al dinero y a mí linaje. El dinero da la felicidad, la premisa de que no hace falta dinero para ser feliz es totalmente falsa. Yo no he visto a ningún pobre que sea feliz, al contrario, son desgraciados y pasan el día deambulando pidiendo limosna.

—Yo prefiero esforzarme por conseguir mis objetivos, valorar cada pequeño paso que doy y disfrutar de las pequeñas recompensas y fatigas de la vida.

—Sin duda aquellos que jamás han probado las mieles del triunfo, no son capaces de entender el mundo que se les está negando.

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