El chico impasible – fragmento 2

Sigo corrigiendo y mirando de mejorar, aquí va otro fragmento:

Al llegar a casa, me encerré en mi habitación y me tumbé en la cama. Empecé a pensar en lo que podríamos hacer, dónde podríamos ir y que ropa me tendría que poner. Tomás me aconsejó que le llevara un detalle, pero no quería ni tenía pensado gastarme más dinero del necesario, mi economía era muy austera y dependía enteramente de la paga que me suministraban mis progenitores. Así que no quería hacer más gasto del necesario y era más partidario de dar un paseo y caminar antes que ir a algún bar a tomar algo. Tenía que pensar algún sitio para pasear por el centro, estar tranquilos y poder hablar relajadamente con ella.

Por fin el día esperado llegó, pasé todo el día hasta la hora previa a salir de casa para llegar a tiempo a la ansiada cita, pensando en el recorrido que haríamos y en la ropa que me iba a poner. Al final obvié los comentarios de Tomás y me vestí como siempre, tampoco compré ningún detalle para Teresa, así que cuando llegó la hora de salir de casa nada hacía presenciar que iba camino de mi primera cita con una chica. Me dirigí con paso decidido a coger el metro y presentarse a la salida de la parada Barceloneta, sin embargo mis piernas parecían no responder a mi cabeza y a cada paso temblaban por los nervios que soportaban.

Llegué con 15 minutos de antelación, así que me tocó esperar y desesperar, no paraba de mirar el reloj constantemente mientras observaba con ansiedad como la demás gente que también estaba esperando como él a encontrarse con sus respectivas parejas o amigos, partían al juntarse a la salida del metro.

Llegadas las cinco de la tarde, la hora fijada para encontrarse, Teresa no había aparecido todavía. Comencé a ponerme más nervioso de lo que ya estaba, llevaba ya un tiempo viendo como el resto de la gente se iba de su alrededor y era reemplazada por otra con el mismo propósito que el mío, permanecí quieto sin saber si realmente Teresa haría acto de presencia y pondría paz a la agonía que sentía.

El tiempo seguía corriendo en contra, empecé a buscar con la mirada a ver si conseguía localizar alguna cabina telefónica para poder llamar a casa de Teresa y preguntar si había pasado algo, sin embargo desde la posición en la que estaba, justo delante de la salida del metro para ser visible por Teresa sin apenas dificultad, no era capaz de vislumbrar ninguna cabina telefónica. Después de pensar durante mucho tiempo y viendo que el tiempo seguía su inevitable curso, tomé la decisión de dar la vuelta a la manzana para ver si localizaba alguna cabina telefónica.

Cuando apenas había dado tres pasos escuché la voz de Teresa que me llamaba. Me giré de forma súbita al reconocer su voz, y quedé paralizado al verla. Teresa llevaba un vestido que realzaba su figura, además el maquillaje que se había puesto le otorgaba una luminosidad a su mirada hizo que me quedara obnubilado al contemplar que estaba más guapa que de costumbre.

—Buenas, disculpa el retraso, es que no sabía que ponerme y al final el tiempo se me ha echado encima, lo siento.

Seguía contemplando a Teresa sin respirar, apenas pude reaccionar ante sus primeras palabras, me llevó un par de segundos darme cuenta de que Teresa había empezado a hablar.

—Ah! Hola, no pasa nada no te preocupes, lo importante es que has venido y ya estás aquí. La espera ha merecido la pena sin duda.

—Me alegro de oír eso. Bueno espero que no hayas tenido que esperar mucho de todos modos.

—No, no te preocupes, yo también justo acababa de llegar así que no sufras por eso.

—Pues nada, tú dirás dónde vamos yo te sigo.

—Vale, he pensado que quizás podríamos ir a pasear un rato por el Maremágnum y luego pues acercarnos al Parc de la Ciutadella un rato.

—La llamada de ayer fue un poco rara, me dejaste confusa —empezó la conversación Teresa.

—Ya bueno, si un poco rara fue, pero bueno son cosas que pasan. Hablar por teléfono no es lo mismo que hablar en persona, las cosas cambian y supongo que me lié un poco.

—Eso está claro, no hay tecnología que pueda sustituir hablar cara a cara.

—Cierto, sin embargo por teléfono a veces resulta más fácil puesto que no ves a la otra persona, es decir según lo que tengas que decir es más fácil si no ves la cara de la persona con la que estás hablando.

—Ya bueno, pero en cierta manera eso también puede ser un acto de cobardía. Decir por teléfono lo que uno no es capaz de decir a la cara tampoco es que sea algo digno de admirar.

—No te estarás metiendo conmigo ¿no?

—No hombre no, no te preocupes estaba diciendo en general —matizó Teresa—, no vamos a empezar con mal pie la tarde, no sufras.

—Eso espero me estaba asustando, digo acabamos de quedar y ya nos vamos a poner a discutir.

—Bueno pues cambiando de tema, —continuó Teresa— ¿sueles venir a pasear por aquí a menudo? Yo la verdad es que no.

—A veces, está bien, tiene su césped y luego está al lado del mar así que tiene su gracia.

—Supongo que sí, la verdad es que me sorprendió mucho recibir tu llamada. No me esperaba para nada que me llamaras, y menos que me dijeras de quedar para dar una vuelta.

—Ya, es que me apetecía quedar contigo —contesté mientras caminábamos dirección al Maremagnum —, como hay buen rollo, pues pensé que sería una buena idea quedar para dar una vuelta y poder hablar tranquilamente. A parte como tú no me decías nada pues dije le digo yo de quedar a ver si se anima y me dice que sí.

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