Glory

Narrador en primera persona.

Desde aquí puedo ver cómo los cuerpos de los únicos sobrevivientes se arrastran para intentar reagruparse, la batalla ha terminado. Sin duda otra gran victoria, mi ejército de nuevo ha conseguido vencer a las tropas invasoras.

Lo único que ahora me puede preocupar es cuantificar cuantos hombres han caído, cada vez las bajas son mayores y el ánimo entre las tropas decae, eso es lo que me comentan mis generales. ¿Pero qué mayor gloria puede haber para un soldado que morir en el campo de batalla a las órdenes de su rey? El enemigo  persiste en su empeño de quebrar mi voluntad de expandir mi imperio sin embargo, no ha conseguido grandes victorias aún. Debo sin duda alguna reunir a mis altos cargos para pensar nuevas estrategias, cada nuevo pueblo conquistado causa bajas considerables, quizá sería una buena idea ofrecer a los conquistados, aquellos que hayan sobrevivido, la posibilidad de luchar por mí. Sería algo justo sin duda, si me prometen lealtad su vida les será perdonada, de este modo conseguiré nuevos soldado y las tropas verán que soy magnánimo. Puedo comprender que llevan meses luchando fuera de casa, pero mi empresa es alcanzar la gloria y conseguir que mi resplandor se expanda hasta los confines de continente. Son soldados y deberían estar contentos con ello, sus vidas me pertenecen y los pueblos conquistados deberían sentirse afortunados, formarán parte de mi imperio y serán provistos de cultura y civilización, sus primitivas costumbres son bárbaras y no merecen ser preservadas.

—Alteza —era Petronio, general de las tropas de asalto—. Los hombres están exhaustos, sería conveniente permanecer unos días para que puedan recomponerse y recuperar fuerzas.

—¿Es eso lo que opinas? Interesante, pero te he de recordar que ahora mismo el enemigo está reculando y no sería oportuno dejar que replegara fuerzas. Si dejamos que el enemigo también descanse puede recurrir a pueblos vecinos para pedir ayuda y así fortalecerse también.

—Mi rey ahora mismo las tropas no pueden dar más de sí, necesitan descansar. La batalla ha durado cuatro días y las condiciones no han sido las mejores, la lluvia y el frío han hecho estragos entre nuestros valientes soldados.

—Eso ya lo sé, yo mismo he sufrido las inclemencias del tiempo. En mi tienda apenas podía conciliar sueño del mismo frío. La lluvia no ha contribuido a dejar leña seca para hacer fuego. Pero eso no es excusa, los soldados deben entender la importancia de su labor.

—Mi señor, sea bondadoso con las tropas, ahora mismo no pueden seguir luchando y ya sabe que están de su lado. Otórgueles descanso y sin duda volverán a luchar con más ganas por su gloria.

—Así sea pues, un par de días de descanso… pero necesitaré algo de distracción, encárgate de traerme a las mujeres más bellas del pueblo que se acaba de conquistar.

—Sí mi señor.

Las tropas necesitan descansar, puede ser razonable. Un par de días de distracción pueden ser beneficiosos. Mandaré que algunas tropas vayan de avanzadilla para controlar los movientes que se pueda dar el enemigo, con esto tendré controlado sus movimientos y estaré en aviso en caso de necesidad.

 

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