Snæfellsjökull II

Siguió pasando el tiempo y su incursión en la oscuridad cada vez era mayor, sentía como iba cayendo al vacío a pesar de estar completamente estático. Era una sensación de vértigo y velocidad que le empujaba hacia el abismo, hacia el lugar más oscuro y profundo de su ser. Donde sólo habitan los peores monstruos  que se alimentan de las desgracias y los sueños rotos.

Pasó más tiempo… y las voces aumentaban su intensidad, resonaban con tal fuerza que tenía la sensación que su cráneo se iba a partir por la mitad. Llegó un punto en el que eran tan intensas que le forzaron a abrir de nuevo los ojos, de nuevo se encontró con la oscuridad sin embargo, recordó que vio un punto de luz. Lo volvió a buscar y se quedó mirándolo fijamente hasta que sus ojos se apagaron de nuevo.

Perdido en lo más profundo de su ser miró de salir de ese estado de muerte permanente en el que se encontraba, trató de recuperar el contacto con sus extremidades. Primero con sus manos, sus dedos débilmente mostraron síntomas de obedecer a la instrucción que se les estaba dando. Tras mucho esfuerzo fue capaz de conseguir abrir y cerrar ambos puños en varias ocasiones, aquel ejercicio fue un desgaste de energía enorme así que fruto del esfuerzo se sumió en los brazos de Morfeo para naufragar de nuevo en sus pesadillas.

Notó un fuerte punzón por sus extremidades, no sabía de qué se podría tratar, pero cada vez el dolor era más agudo. No podía desprenderse de él y de forma inconsciente movió todo su cuerpo con un gran espasmo de desesperación para tratar de librarse de aquel dolor. Fruto de ese shock eléctrico abrió los ojos y escuchó como un grupo de sombras en la oscuridad aleteaban sus alas, estaban al acecho de su desvalido y descompuesto cuerpo.

El pánico se empezó a apoderar de sus pensamientos… luchaba a la desesperada por no sucumbir al miedo, al terror. Todavía no era capaz de comprender como había sido capaz de sobrevivir todo aquel tiempo, el suicidio era una idea que le rondaba la cabeza sin embargo, de momento no era capaz de tomar aquella decisión. Así que sólo esperaba que la muerte se lo llevara y todo acabara. Pero eso no sucedía, seguía vivo, o medio muerto, en espera de no saber que iba a suceder.

Pasado aquel espasmo y tras comprobar que sus extremidades y su cuerpo reaccionaron ante aquel  dolor, se planteó tratar de repetir y buscar de nuevo aquella pequeña luz perdida en la oscuridad. Sabía que si seguía en aquella situación acabaría siendo presa de aquellas bestias aladas, y aunque deseaba estar muerto y no paraba de  pensar en el suicidio, decidió intentar salir de aquel lugar.

 

 

 

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