Azul infinito

Como cada día llegaba  a la oficina sobre las 08:00 horas, le permitían hacer horario flexible, así que no dudaba en llegar temprano con el objetivo de poder salir antes. No tenía problemas para madrugar y como iba en coche a la oficina ganaba tiempo se sueño.

Nada más llegar incrustaba su cabeza en la pantalla del ordenador, miraba de organizarse los mails que le habían llegado y así poderse planificar mejor el día. Esto le permitía en el caso de que tuviera que apagar algún incendio, cosa que pasaba a menudo, tener en medida de lo posible avanzado el trabajo. Por otro lado y por la misma razón prefería también llegar antes a trabajar que el resto de sus compañeros, puesto que en el caso que tuviera que hacer más horas fuera de su jornada laboral pudiera acabar a una hora decente y así poder aprovechar algo de la tarde.

Había de todo en su día a día, jornadas con puntas de trabajo realmente grandes y frenéticas y otros períodos en los que todo era un remanso de paz y podía trabajar con el piloto automático puesto. No había término medio, pero ya se había acostumbrado a aquel ritmo. Hacía ya un año y medio que estaba en aquella posición y contemplaba seriamente el buscar otro puesto de trabajo, ya bien fuera dentro de la empresa o fuera. Le habían hablado de una posible promoción pero… no acababa de llegar, así que su frustración iba en aumento. No veía una posibilidad real de promoción y su trabajo lo tenía por la mano al cien por cien.

Era joven y no quería quedarse estancada en una posición meramente operativa y en la que no pudiera explotar su potencial… Alzó la vista de su pantalla y su azul cristalino se fundió con el horizonte, pensó e imagino otros mundos, otras opciones que no fueran trabajar en una oficina, pensó en encontrar el amor, en vivir en una paraje idílico y alcanzar la felicidad.

Sus ojos dibujaban en su cabeza su mundo perfecto, mientras el resto de sus compañeros empezaron a hacer acto de presencia en la oficina y le hicieron bajar de la nube en la que estaba. Sus ojos volvieron a clavarse en la pantalla y su cabeza se olvidó de aquellos pensamientos para volver a la mera y pervertida realidad.

 

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