Olor a luz y perfume en el viento

Pasaba con su bici subiendo a toda velocidad por la empinada cuesta, no sabía muy bien dónde iría a para puesto que no conocía aquella zona en absoluta. Estaba fuera de Collserola su lugar habitual de escapada del mundanal ruido con su fiel compañera, su bicicleta.

Era su particular “corsel” hacía ninguna parte, no pretendía huir de nada… simplemente desconectar y recargar fuerzas para luego volver a afrontar los problemas de la vida moderna y del infierno de las ciudades. Aquel día decidió ir por la serralada de la Marina, cabe decir y teniendo en cuenta la mala orientación de nuestro protagonista, que se perdió mil veces y otras mil veces más pasó por el mismo sitio para intentar encontrar alguna dirección a seguir.

Con tanta pérdida y reiteración en la ruta pretendía ir memorizando aquellos senderos para en futuras ocasiones saber a dónde iban a parar y así poder optimizar sus nuevas rutas y no perder la mañana de sábado dando vueltas sin sentido.

Volviendo a la subida y sin dar más vueltas ni explicaciones tediosas que quizás no interesen, nuestro ciclista iba subiendo sin guardar fuerzas y mirando de exprimir sus piernas, cuando en mitad del sendero vio a dos jóvenes.  Apenas rondarían los 18 años, ambos eran de complexión delgada él moreno y ella rubia, los tenía de frente y no había paso para los tres a la vez así que tuvo que aminorar su marcha. Esto le hizo perder concentración y fijarse en el pelo de la chica así como su coleta que iba bailando al son de sus pasos. Sus pensamientos volaron y se perdión en recuerdos y olores, sobretodo cuando la pareja le dejó pasar y durante un segundo le vino a la nariz el olor del pelo recién lavado de la chica. Ambos vestían deportivamente y ella daba las sensación que se había duchada por la mañana antes de emprender la ruta. ¿o más bien era que quería estar guapa para su supuesta caminada por la montaña? Su cabeza empezó a maquinar, recordó, pensó o más bien imagino aquellas tardes de sol, puesto que hacía un solo realmente agradable aquel día, en las que se alimentaba de sus rayos y pasaba la tarde con la chica que le gustaba. Se imaginó paseando por la montaña  con su primer amor de juventud,  quizás buscando algún refugio donde poder estar a solas con ella o mirando de encontrar el sitio adecuado para poder besarla. Recordó aquella sensación de nerviosismo, de ilusión y de ganas de comerse el mundo, de ser capaz hasta de volar tan sólo por conseguir un beso y creerse invencible.

Todas estas sensaciones cruzaban su cabeza  a la velocidad del rayo mientras seguía pedaleando hacía ninguna parte, sin apenas fijarse en las trazada, siguió con su cabeza inmersa en el olor a Juventud, inocencia y sintió envidia por aquella sensación mágica…

Minutos más tarde se vio descendiendo por un sendero bastante complicado y maldeció el haber llegado hasta allí  sin querer, puesto que se las vio y se las deseo para no caerse.

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