Relato del rey – título provisional

Bueno… Pues aquí os dejo el principio de el relato en el que me encuentro liado ahora, voy por la tercera y última parte a ver si la semana que viene lo acabo 🙂

“Aferraba su cáliz con firmeza, mientras contemplaba la danza de las llamas en la chimenea. Reinaba el silencio más absoluto en la noche más oscura que habían pasado, desde que el invierno hizo su llegada. El único ruido que podía oír eran sus pensamientos que no paraban de atormentarlo incesantemente, aquella noche como venía siendo habitual organizó un gran banquete. Los asistentes fueron los miembros más influentes de las diferentes casa reales con las tenía alguna relación o tratado comercial.

Eran grandes banquetes en los que todos sus invitados eran agasajados con todas las comodidades posibles. Días antes del banquete un mensajero real entregaba personalmente la invitación a cada comensal además de encargarse de preguntar y anotar las preferencias culinarias de cada cual. A su vuelta al palacio dichas preferencias eran entregadas a los cocineros de manera que pudieran preparar los platos preferidos de cada cual. En el caso que hubiera alguna petición que no pudieran cumplir, se encargaba buscar un xef que fuera capaz de cocinar el plato solicitado.

La sala de banquetes era meticulosamente preparada según la temática que se había establecido en el posterior baile, así como se ponía especial cuidado en la ubicación de los invitados, siempre se velaba por juntar afinidades de manera que nadie se sintiera incómodo con sus compañeros de mesa. Si los invitados no disponían de la vestimenta adecuada para la temática que se había preparado, se les hacía llegar un sastre para tomarles medidas y prepararles un traje de su agrado y que se ajustara a la ocasión, posteriormente los trajes eran confeccionados en la sastrería del palacio. Una vez confeccionados enviados a los invitados para que se los probaran poder ultimar los últimos detalles que fueran necesarios.

El día del banquete, un carruaje se encargaba de irlos a buscar y llevarlos de vuelta al acabar, en el caso que no quisieran quedarse a dormir en la habitación que se le preparaba a cada uno de ellos. De modo que al llegar al palacio, eran acompañados a sus respectivas habitaciones para que pudieran descansar de la travesía y posteriormente asearse o dar un último retoque a su vestimenta. Mientras los invitados estaban en sus aposentos, todas sus peticiones eran debidamente atendidas hasta la hora convenida para bajar a la sala del banquete. Para aquellos que era la primera vez que atendían al palacio se les ofrecía una visita guiada por las diversas estancias del mismo y luego un posterior paseo por los jardines y fuentes del mismo…”

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