Inverso – fragmento 1

No hay nada mejor que empezar el día haciendo deporte, eso pensó Juan. Se puso sus apretadas mayas de ciclista y salió a hacer unos cuantos kilómetros, solía pasar casi toda la mañana fuera. Empezando a pedalear sobre las nueve, una vez se había juntado con su grupo, y acabando alrededor de las dos. Leer Más…

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Iteración – fragmento

La luz del atardecer se colaba a través de las persianas. Laia estaba sentada como de costumbre en el sofá que estaba más cerca de la ventana, a su derecha tenía una butaca que también parecía bastante cómoda. Pero desde el primer día prefirió la amplitud y las vistas que le ofrecían el sofá. Delante tenía un escritorio con aires de modernidad y minimalismo que contrastaba con las clásicas estantería llenas de libros que tenía a su espalda y al lado contrario de las ventanas. Leer Más…

Iteración 2 fragmento -provisional

Iris dibujó una sonrisa es su cara y asintió con la cabeza, luego se levantó y fue hasta la estantería que quedaba a la espalda de Laia. Sacó un par de libros, y con agrado verifico que la botella de whisky de las grandes ocasiones estaba en su lugar junto a un par de vasos. Cogió la botella y los vasos y  se sentó en el sofá junto a Laia. Leer Más…

Intersecciones – fragmento

La besó con dulzura en los labios, luego la miró y sonrió. Ella se quedó pensativa, anhelaba la libertad que sus ojos le prometían. No era tan sencillo, tenía cargas familiares. Lucía, un pequeña niñita de cuatro años le retenía en aquel lugar. Llevaban semanas planeando un plan de fuga, una salida a aquella situación. Incluso le habló de dejarlo todo y huir, empezar una nueva vida el algún lugar perdido, que ni ellos mismo supieran donde estaban. Leer Más…

Perfectos Imperfectos

Hoy en día ya no es un problema quedarse sin pareja, existen miles de aplicaciones e infinidad de recursos para encontrar el amor o en su defecto un sucedáneo. Se puede decir y sin temor a equivocarse, que el que está solo es porque quiere o que no hay quien lo aguante. Leer Más…

Seppuku

—¿A qué has venido?

—He venido a morir —respondió Luis.

Bajo la lluvia Luis y el monje se miraron intentando descifrar cual iba a ser la siguiente pregunta.

—Son más de las doce de la noche, he estado a punto de llamar a la policía. No recibimos visitas, salvo los días acordados.

—No vengo de visita.

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Oculto

Las sábanas todavía olían a él, aquel había sido el primer asalto. Ella sabía que volvería a por más, permaneció inmóvil en la habitación. La cama estaba sudada y resbalosa pero a ella poco le importaba. Siempre era así, él la iba a visitar. Su cuarto y su colchón eran la guarida perfecta para evadirse de la rutina diaria. Leer Más…